La mayoría de los estudios realizados sobre la adopción intercultural e interétnica (en nuestro país prácticamente no existen porque el fenómeno es bastante reciente), han arrojado resultados bastante positivos en lo que se refiere a la adaptación y vinculación afectiva entre padres e hijos, relacionando las principales dificultades con factores como la edad del niño/a e historia previa del mismo (historia de abandono y pérdida, tiempo y calidad de la institucionalización, etc.) más que con la presencia de diferencias raciales o étnicas.
Lo anterior no significa que adoptar niños de otros países, de otras culturas, no requiera el estar dispuesto a asumir una serie de retos, tanto por parte de la familia como del propio adoptado: nuevas costumbres, alimentos, idioma, reacción del entorno familiar, efectos de la larga estancia en orfanatos, etc.
No obstante, lo que realmente hace estas adopciones un tema complejo es la identidad étnica y cultural del adoptado.
La identidad étnica, sólo es una parte de la identidad global de una persona, por tanto formará parte de un individuo junto con múltiples identidades: sexual, religiosa, física, etc., y además tendrá "más peso" en unas personas que en otras.
Lo importante es que la persona adoptada de un origen étnico diferente no esté a caballo entre valores culturales contradictorios, y pueda desarrollar una identidad étnica saludable, es decir, pueda interactuar e incluso identificarse con personas de un grupo étnico determinado, con el que comparte una historia y una cultura determinada, aunque sus creencias, preferencias y afinidades puedan ser distintas, es decir, más próximas a la cultura en la cual se ha criado.
El desarrollar esta identidad étnica positiva es la mejor herramienta con la que contará para saber cómo integrarse y sentirse parte de una sociedad diferente a la suya de origen, pero en la que se ha criado, sin sacrificar su propia identidad étnica. El reto para los padres/madres es que sean capaces de integrar como parte de sí mismos la dualidad origen-crianza.
Según investigaciones realizadas por expertos, las familias desarrollan estrategias para enfrentarse a las tareas específicas que conlleva la adopción, que se pueden agrupar en tres modelos o patrones de relación: aceptación, rechazo e insistencia, que giran alrededor de la actitud de la familia frente a las diferencias.
Frecuentemente, los tres modelos confluyen de una forma simultánea en una misma familia, si bien predomina uno u otro modelo, de acuerdo con el ciclo evolutivo de la familia y de la niña o niño adoptado.
No existen modelos absolutamente bueno o malos, sino que cada uno de ellos puede ser más funcional que otro dependiendo del momento.
El modelo de negación de las diferencias suele ser más funcional cuando la niña o niño que se ha adoptado es muy pequeño, así como en los inicios de la relación paterno-materno-filial, ya que en esos momentos es de primordial importancia el desarrollo de un vínculo afectivo fuerte y la presencia de unos modelos de identificación que le sirvan al adoptado/a para desarrollar un sentido de pertenencia a su familia.
Una vez pasada la etapa inicial, el modelo que mejor funciona es el de aceptación de las diferencias, ya que permite al niño/a adoptada un espacio en la familia en el que pueda reconocer, expresar, sentir, preguntar acerca de sus orígenes, etnia, cultura, etc. Este modelo permite a los padres/madres y a los hijos/as explorar los sentimientos de ser diferentes y tratar esas diferencias, que estarán presentes o lo largo de la vida, facilitando en el niño/a el desarrollo de la propia identidad y del sentimiento de pertenencia familiar.
El modelo de insistencia en las diferencias, es el que más riesgo de disfuncionalidad puede presentar, por dificultar el proceso de identificación y sentido de pertenencia a la familia. En este modelo la familia da mucha relevancia a la historia previa del niño y a sus antecedentes genéticos, especialmente en momentos conflictivos, con los cual "envían" al hijo/a de forma más o menos implícita, mensajes peyorativos sobre su familia biológica, su etnia o su cultura. Es por ello que en este modelo relacional, el hijo/a adoptada puede sentirse tratado como un extraño y no identificarse con su familia adoptiva.
Este modelo, sin embargo, puede aportar cierta utilidad al adolescente, que al abordar la crisis relacionada con su identidad (¡quién soy, quienes son los míos?, etc.), contaría con una gran presencia de elementos sobre sus orígenes étnicos y culturales, ayudándole a desarrollar una fuerte identidad étnica. Para ello sería necesario que en ese modelo de insistencia se utilizaran las diferencias en sentido positivo, pues al contrario lo único que llevaría sería a una identidad confusa, negativa o problemática.
Es lo que ocurre en aquellas familias que usan este patrón, en momentos de disfuncionalidad familiar, para asociar determinados comportamientos del hijo/a adoptado a estereotipos ligados a su cultura o etnia de origen.
Es importante tomar conciencia de nuestros propios prejuicios raciales, a veces sutilmente transmitidos a través de expresiones del lenguaje (trabajar como un negro; tortura china, etc.) o de chistes, cuando no a través de estereotipos sobre determinadas culturas o etnias. De esta forma estamos transmitiendo el hecho de que consideramos que unos grupos o etnias son inferiores a otras.
Es necesario también reflexionar sobre la idea que tienen algunos padres que adoptan niños de otras etnias, del "bien que le han hecho al adoptarlo", porque le han salvado de una vida de penurias. Es casi inevitable pensar que se les ha salvado de cosas terribles como la miseria, la explotación e incluso la muerte. Pero también es cierto que esta idea, se sustenta a veces, en actitudes más o menos discriminatorias respecto de las diferentes cultura o modos de vida. Por ejemplo, pensar que es mejor vivir en occidente en una familia de clase media, que en oriente en una clase humilde.
El riesgo que tiene esta idea es que si los padres consideran al hijo adoptado como víctima al que "han rescatado", él seguramente se va a sentir víctima y sentirá, además, que está en deuda continua con sus padres por haberla salvado, deuda que nunca podrá pagar, pero que sí puede hacerse muy pesada, pues no fue quien tomó la decisión de ser adoptado.
Es necesario tener en cuenta que todos, absolutamente todos estamos sometidos a un bombardeo continuo de estereotipos étnicos, raciales y culturales, y aunque creamos que adoptamos interétnicamente porque estamos libres de todos estos estereotipos, puede que estemos influidos por la sociedad que nos rodea mucho más de lo que pensamos. Por eso es importante que las personas que van a adoptar o han adoptado interétnicamente hagan este trabajo de reflexión interna sobre sus propios prejuicios, estereotipos y temores.
Hay un realidad que innegablemente está presente en la adopción de niños/as procedentes de etnias diferentes, y es que, casi irremediablemente, ese niño/a va a tener que hacer frente a los prejuicios de los demás.
Según el Centro de Investigaciones Sociológicas, el 49% de los españoles manifiesta conductas racistas frente a los extranjeros. Quizás esta conducta se ha puesto de manifiesto mucho más debido al fenómeno inmigratorio, que lleva aparejado otras problemas sociales como marginación, prostitución, delincuencia, etc.
Por tanto, los padres con niños/as de otras etnias tienen que prepararles para afrontar prejuicios sociales. Para ello es básico en primer lugar, ayudar a los hijos a que desarrollen una identidad étnica fuerte y saludable, y en segundo lugar, ayudarles a que adquieran una serie de estrategias para afrontar los posibles prejuicios de que puedan ser objeto. Por ejemplo, estrategias de "confrontación selectiva" o de "evitación selectiva" es decir, saber cuando ceder y cuando no, y la forma en la que, en su caso, deben afrontar la situación. Igualmente deben conocer sus derechos legales y los recursos institucionales que la sociedad pone a su disposición cuando sufren una discriminación.
Veamos algunos planteamientos que nos pueden ayudar cuando surgen problemas:
Si observas que tu hijo/a está preocupado/a,
Es importante ofrecerle información sobre su cultura de origen, la situación del país, etc. antes de que se forme una imagen negativa debido a los mensajes que transmiten los medios de comunicación, a veces bastante sesgada en algún aspecto concreto (pobreza, narcotráfico, delincuencia, etc.)
Esta información debe enfatizar aspectos positivos y valiosos, sobre hechos, costumbres, tradiciones, etc. Por ejemplo, en el caso de la cultura china, el gran respeto que se tiene allí a las personas mayores, valorando enormemente su experiencia y sabiduría, o la existencia en el sudeste de su país de la única etnia, los Mosuo, que tienen un sistema de parentesco matriarcal, en el que el "poder" lo ejercen las mujeres. Además, también se les puede hablar de su historia milenaria, sus obras de arte, grandes inventos, etc. Todo esto hará que la niña de origen chino sepa qué significa tener un patrimonio étnico y cultural.
Esta información puede incluir también aspectos culinarios, espectáculos, películas, libros, etc.
Si el niño/niña rechaza su cultura de origen de forma temporal o permanente, no se debe forzar más allá de aquello para lo que está preparado/a, pero debe tener la oportunidad de elegir.
Es importante estar abiertos a las diferencias culturales, proporcionando a los hijos/as elementos, perspectivas y conocimientos no sólo de su cultura de origen, sino también de otras culturas, ya que ello ayudará a comprender que ninguna cultura es mejor que otra, que no hay etnias o culturas superiores a otras, simplemente son diferentes, y que la diferencia no es sinónimo de inferioridad.
En el pasado, la adopción era un tema tabú. Hoy día los especialistas y la mayoría de las familia sabemos que es un tema del que se debe hablar con toda naturalidad.
En primer lugar, debemos tener claro que el relato de su adopción y, en definitiva, de su vida, no comienza en el momento en que nosotros aparecemos en ella. Algunos padres/madres se limitan a explicar la historia de la adopción desde el momento en que ellos entran a formar parte del relato y esperan con temor el momento en que el niño quiera saber más.
Las familias deberían hacer un esfuerzo por responder, aún antes de que el niño/a sea capaz de verbalizar sus dudas, dos cuestiones esenciales: la existencia de los padres biológicos y las razones que llevaron al niño/a a la adopción.
Algunos padres/madres en su fuero interno recriminan a los padres biológicos el abandono de sus hijos o se sienten mejores que ellos. Examinar y aceptar nuestros sentimientos es fundamental porque muchas veces el hijo se siente solidario anímicamente con los padres despreciados, y muestra su enfado con los adoptivos, en forma de rebeldía, mala conducta, etc.
Si, por el contrario, los padres biológicos son respetados y honrados por los padres adoptivos, porque le han dado la vida e independientemente de las circunstancias que les llevaron a abandonar al niño/a, los hijos adoptados pueden agradecer a los biológicos la vida y a los adoptivos la crianza.
Es importante que los padres adoptivos no pretendan ocupar el lugar de los biológicos, porque cuando el hijo/a tiene resentimiento o algún sentimiento negativo hacia sus padres biológicos, los reciben los adoptivos si éstos pretenden ocupar el lugar de aquellos. Si, en cambio, no se consideran más que continuadores de la labor que aquellos no pudieron llevar a cabo, esos sentimientos se dirigen hacia los biológicos, y el sentimiento bueno va hacia los adoptivos.
Cuando los padres adoptivos entienden que su labor es llevar a término lo que los biológicos no pudieron, no hay rivalidad posible, ni miedo a que ellos amenacen la relación con el niño/a. Muy al contrario. Se creará un "hilo rojo" no sólo con ese niño/a, sino con sus padres biológicos, de forma que dos sistemas familiares que pertenecen a países diferentes, con dos etnias distintas y dos culturas quizás opuestas en algunas cuestiones, se puedan integrar de manera armónica en una sola vida, la de esa personita que un día llegó a nuestra vida.
El presentar una identidad étnica positiva o por el contrario problemática, no está relacionado con el hecho de que existan diferencias étnicas entre padres e hijos, sino más bien con las actitudes que esos padres o madres tengan ante dichas diferencias. Esto va a depender del sistema de valores, de las creencias que tenga esa familia, de sus motivaciones para adoptar, de su actitud en relación con la familia biológica, etc., y que van a transmitirles no sólo a través de sus mensajes verbales, sino a través del tono de su voz, de sus actitudes y de sus gestos.
Marga Muñiz Aguilar
Licenciada en Filosofía y Letras, Diplomada en Logopedia, Master en Orientación Educativa y Terapeuta de Constelaciones Familiares.
Socia de AFAC y madre adoptiva de dos niñas nacidas en China.
margamuniz@yahoo.com
Curso realizado por la Asociación Manaia "Familias que llaman la atención"
